- En plena búsqueda de alternativas libres de PFAS, Fackelmann comparte las claves para elegir la mejor opción en cada caso

La preocupación de los usuarios en torno a los PFAS ha impulsado el interés por opciones más duraderas y libres de estas sustancias presentes en muchos recubrimientos antiadherentes. En este contexto, las sartenes de acero inoxidable han vuelto a ganar protagonismo como una alternativa resistente, versátil y pensada para acompañar durante años en la cocina.
Sin embargo, el salto del antiadherente al acero inoxidable suele venir acompañado de una duda habitual: ¿por qué se pega la comida? La respuesta, en muchos casos, no está en la sartén, sino en la elección del formato, el control de la temperatura y el tipo de alimento que se cocina. Por eso, más allá de los trucos básicos de uso, Fackelmann, marca alemana especializada en menaje y utensilios de cocina, propone una guía práctica para entender qué sartén utilizar en cada caso y convertir el acero inoxidable en un aliado real en la cocina diaria.
Qué sartén de acero elegir según lo que vas a cocinar
Para el día a día: sartén de acero inoxidable lisa
La opción más versátil para quienes quieren iniciarse en el acero inoxidable. Funciona especialmente bien en elaboraciones que necesitan contacto directo con la superficie y un dorado uniforme: carnes, verduras salteadas, huevos con técnica, tofu, setas o preparaciones en las que se quiera aprovechar el fondo de cocción para hacer una salsa. La sartén Vita3 de Fackelmann es la opción “todoterreno” para sustituir progresivamente el antiadherente en recetas cotidianas.
Para un acabado más marcado: sartén grill de acero inoxidable
La sartén grill está pensada para recetas en las que se busca un efecto parrilla sin barbacoa: carnes, pescados firmes, verduras en láminas, brochetas o incluso pan tostado. Sus relieves ayudan a marcar el alimento, separarlo ligeramente de los jugos y conseguir una textura más dorada por fuera sin perder jugosidad en el interior. El grill Vita3 de Fackelmann se presenta como la propuesta perfecta para estas recetas.
Cómo usar correctamente una sartén de acero inoxidable
Además de elegir el formato adecuado, el buen resultado con una sartén de acero inoxidable depende en gran medida de su uso. Este material no necesita curado previo, como sí ocurre con el hierro o el acero al carbono, pero sí requiere una correcta gestión de la temperatura, la grasa y la limpieza para evitar que los restos se quemen o se adhieran en exceso.
- No necesita curado previo: Antes del primer uso, basta con lavar la sartén con agua tibia, jabón suave y una esponja no abrasiva, aclararla y secarla bien. Intentar “curarla” aplicando aceite y calentándolo repetidamente puede generar capas oscuras e irregulares sobre la superficie.
- Precalentar sí, pero sin sobrecalentar: El acero inoxidable debe calentarse antes de cocinar, pero de forma progresiva, a fuego medio o medio-alto. No es recomendable dejar la sartén vacía durante mucho tiempo a máxima potencia, ya que un exceso de temperatura puede provocar manchas marrones, azuladas o negras, especialmente en cocinas de inducción, donde el calor sube muy rápido.
- Añadir la grasa en el momento adecuado: Una vez la sartén está caliente, se puede incorporar una pequeña cantidad de aceite o grasa y repartirla por la base. Si el aceite humea de inmediato o se quema rápidamente, la sartén probablemente está demasiado caliente. En ese caso, conviene retirarla unos segundos del fuego, bajar la intensidad y continuar cuando la temperatura se haya estabilizado.
- Evitar que comida o grasa se quemen sobre la superficie: Una sartén de acero inoxidable no se “carboniza” como tal: lo que suele quemarse son restos de aceite, grasa, salsas, proteínas, almidones o comida adherida. Por eso, es importante no cocinar siempre a fuego máximo, no dejar alimentos demasiado tiempo sin control y añadir suficiente grasa o líquido cuando la receta lo requiera.
- No mover el alimento demasiado pronto: En carnes, pescados firmes, verduras, tofu o setas, lo ideal es dejar que el alimento se dore y forme una ligera costra antes de darle la vuelta. Si ofrece resistencia al intentar moverlo, probablemente todavía necesita unos segundos más de cocción.
- Ajustar el fuego durante la cocción: Una vez añadido el alimento, conviene reducir ligeramente la intensidad del fuego. Cocinar siempre a máxima potencia no mejora el resultado: puede quemar el exterior demasiado rápido, favorecer que los alimentos se adhieran y dificultar el control de la receta.
- Limpiar bien entre usos: Tras cocinar, es normal que queden restos adheridos, especialmente en los primeros usos. Para retirarlos, se puede añadir un poco de agua en la sartén aún caliente para desglasar y despegar los jugos de cocción. Después, basta con lavarla con agua, jabón suave y una esponja no agresiva. Una limpieza adecuada evita que restos de aceite o comida se quemen en el siguiente uso y se acumulen sobre la superficie.
Un aliado durante años en la cocina
Así, en un contexto marcado por la búsqueda de alternativas libres de PFAS y de utensilios más duraderos, el acero inoxidable reivindica su lugar como uno de esos clásicos que nunca pasan de moda: una pieza esencial del fondo de armario culinario, resistente, fiable y preparada para acompañar durante años.
